Vegetariana en bici (de Ibagué a Pasto)

Esperando que lleguen los primeros 1000 km es muy emocionante y también increíble que me tome 1000km acostumbrarme a la comida en el camino.
En Ibagué queríamos descansar un sólo día y no abusar de la amabilidad de Boris… pero al siguiente día me enfermé, algo estomacal, así que se agradeció no estar en un hotel de carretera mientras me recuperaba. Creo que la combinación de los famosos corrientazos “vegetarianos” colombianos ( arroz, fríjol, huevo, papa o yuca ) más la ansiedad bastante grande por llegar a la famosa línea me tumbaron a la cama.

El camino a Cajamarca fué una subida constante, tuvimos que parar varias veces a descansar, el paisaje como siempre espectacular aunque no lo disfruté tanto por que pensaba en el siguiente trayecto. Ese fin de semana había una competencia en bici en un pueblo cerca, así que nos pasaron muuuchos carros cargados de bicicletas y eran los que nos daban ánimo para seguir.
La batería de Onix se fué mucho más rápido, sólo me quedaban 5 km para llegar a Cajamarca y me quedé sin energía, miré al frente y obviamente había otra subida así que me resigné a pedir ayuda. Unos chicos que iban a la competencia pararon en una camioneta y me llevaron hasta el pueblo, también pude llevar las alforjas del mono y así le rindió mucho más, él si llegó en bici. Adivinen que cené??? Creo que esta vez fueron lentejas en vez de fríjoles.
En la mañana del siguiente día mi ansiedad seguía creciendo… era el día del que tanto habíamos hablado, no sabía qué esperar ni con qué me iba a encontrar y para una novata como yo, no sabía cómo lo iba a hacer.
Sólo salir de Cajamarca y ya te encuentras una subida, las montañas las veía mucho más cerca, más verdes… como si me quisieran tragar y las curvas mucho más grandes e inclinadas. Llegué a pensar que no iba a ser capaz, mi mente se había bloqueado, no sabía a qué le tenía miedo. Ed me esperó y me dijo que lo siguiera, que yo podía hacerlo. Saqué fuerzas y coraje y seguí adelante, esa curva que me atemorizaba no fué tan terrible, así que subí con mucho esfuerzo y ganando poco a poco más confianza. Paramos en el restaurante La Paloma a recargar mi batería que estaba por acabarse y a comer, pedí aguadepanela y arepa… más carbohidrato, aunque Ed dice que está bien por que necesito mucha energía, yo pienso lo contrario. No estoy acostumbrada a comer sólo carbohidratos pero no hay más opción.
Después de un par de horas decidimos continuar, no pasó mucho tiempo y se me descargó de nuevo la batería, ya había subido 25 km y sólo quedaban 7, los más duros. Ya no había tiempo para cargar a Onix, había que seguir, tuve la suerte que una familia paró en su camioneta y me llevaron a la cima, llevé conmigo las alforjas del mono para que le fuera más fácil lo más difícil. Esperé a Ed casi una hora, hacía mucho frio y la neblina era bastante densa. Sólo pensaba en que él estuviera bien y que tal vez yo no hubiera sido capaz de terminar.
Fué muy gratificante ver llegar a Ed, los soldados y el señor de la tienda, también estaban esperando. Nos alistamos para el descenso, por que sólo nos quedaban un par de horas de luz. Bajar obviamente fué mucho más fácil, el paisaje cada vez más bonito y la vía bastante amplia. Llegamos a Calarcá esa noche. Sólo tomé sopa de patacón aunque sabía que la habían hecho con carne 🙁 ya no podía comer más arroz.
Después de dos días bastante intensos, seguimos a Armenia y después a un pequeño pueblo llamado La Paila, esta vez el camino fué plano y mucho más descansado. Llegamos el Domingo y la Paila estaba prendida, en cada esquina un bailadero o viejoteca con música a todo volumen. Comimos arroz chino!!! ya estaba cansada de tanto corrientazo. Nuestra meta de Lunes festivo era llegar a Cali pero todavía quedaba bastante lejos. Hicimos lo posible pero después de 100km y ya oscureciendo, decidimos quedarnos en el hotel Thama en Palmira, nos merecíamos un buen descanso. Al otro día ya por irnos del hotel, el administrador nos saludó muy animado, se tomó fotos con nosotros y dijo que eramos visitantes ilustres… vale.
Llegar a Cali fué fácil pero cruzar una ciudad siempre es una pesadilla para mi. Llegamos a un apto. precioso donde los papás de un amigo, nos hospedaron por unos días, Rossy y Germán nos recibieron con mucho cariño y lo mejor, había un Crepes and Waffles justo al frente!!!! Fuí feliz comiendo ensaladas y crepes vegetarianos. Nuestra meta en Cali era aprender salsa caleña!!! y se logró el cometido, somos expertos jajajaja pero terminabamos exhaustos en la noche después de bailar todo el día.
Super recomendada la escuela Sondeluz con profesores increíbles. Había un japonés, un ruso, una francesa, un inglés aprendiendo salsa… creo que todos bailaban mejor que yo.
El Sábado volvimos a nuestras bicicletas y a los corrientazos… aunque ya tengo una mejor estrategia, sólo pedir un carbohidrato, las caras de las meseras cuando hago esto, no tiene precio. Me preguntan, no va a comer más?
Nos quedamos una noche en Santander de Quilichao, otra en Piandamó donde llegué absolutamente destrozada, hicimos 77km de bajadas y subidas constantes. Popayán era nuestro siguiente destino y no podía esperar a ver una ciudad bonita, desafortunadamente los pueblos anteriores dejaron bastante que desear. Popayán no nos defraudó, su centro colonial y valor histórico valen la pena conocer.
Dejamos Popayán para ir hacia Pasto que nos tomó 4 días y para llegar a uno de los días más difíciles que he tenido hasta el momento, salimos de El Tablón a Chachaguí, un pueblo antes de Pasto. Tuvimos que cruzar el Valle del Patía, indudablemente uno de los paisajes más espectaculares pero no había mucho tiempo para admirar. Me había adelantado bastante de Ed, la carretera un poco sola y un viento en contra que simplemente no te dejaba mover, decidí bajarme y empujar la bici, parando varias veces cuando llegaban remolinos de viento pero a la vez tratando de moverme rápido por que caían piedras de la montaña. Fué bastante difícil pero no quedaba más que seguir adelante, no había donde resguardarse y todavía nos faltaba camino ese día. Fué un alivio ver llegar a Ed, también peleando contra el viento pero lo logramos. Un día muy largo e intenso.
Esa noche cocinamos Pasta.
Ya estamos en Pasto y mañana salimos a Ipiales, serán varios días antes de llegar, ya no me asustan las montañas tanto como antes, ahora estamos emocionados por llegar a Ecuador y cumplir un reto más.

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